Terapia Hormonal en La Chorrera: Cuándo Sí y Cuándo No
Qué alivia la terapia hormonal de la menopausia, quién puede usarla y qué controles requiere. Agenda tu valoración con ginecología.
La terapia hormonal repone el estrógeno que el ovario deja de producir tras la menopausia. Es el tratamiento más eficaz que existe para los sofocos, y también el más rodeado de miedo, en buena parte por la lectura apresurada de un estudio publicado hace más de veinte años.
Qué alivia y qué no
- Sofocos y sudoración nocturna: es su indicación principal, con mejoría clara en pocas semanas.
- Sequedad vaginal y dolor en las relaciones: responde muy bien, sobre todo al tratamiento local.
- Sueño y ánimo: mejoran de forma indirecta al ceder los sofocos nocturnos.
- Pérdida de masa ósea: la frena mientras se mantiene.
- Lo que no hace: no es un tratamiento antienvejecimiento, no previene la demencia y no se indica para prevenir enfermedad cardiovascular.
Quién puede usarla
La clave está en dos factores que cambian por completo el balance: la edad y el tiempo transcurrido desde la última regla. El perfil más favorable es el de una mujer menor de 60 años, con menos de diez años desde la menopausia y con síntomas que afectan su vida diaria.
Cuanto más tarde se inicia, menos beneficio y más riesgo. Por eso una mujer de 68 años que lleva quince sin menstruar no es candidata a iniciarla, aunque tenga sofocos ocasionales.
Cuándo no está indicada
- Antecedente de cáncer de mama o de endometrio.
- Antecedente de trombosis venosa o embolia pulmonar.
- Enfermedad coronaria o accidente cerebrovascular previo.
- Enfermedad hepática activa.
- Sangrado vaginal sin causa aclarada todavía en estudio.
- Sospecha de embarazo.
Cuando existe alguna de estas situaciones, quedan las alternativas no hormonales, y para la sequedad vaginal el tratamiento local en dosis muy bajas, que se valora aparte porque su absorción general es mínima.
Qué formas existen
No todo es una pastilla. La vía cambia el perfil de riesgo, y esa es una de las decisiones más importantes de la consulta:
- Oral: cómoda, pero pasa por el hígado y se asocia a mayor riesgo de trombosis.
- Transdérmica, en parche o gel: evita ese primer paso hepático y es la preferida cuando hay factores de riesgo vascular.
- Vaginal: en óvulos o cremas, para síntomas locales, con absorción general muy baja.
- Con o sin progestágeno: quien conserva el útero necesita añadirlo para proteger el endometrio; tras una histerectomía se usa estrógeno solo.
La dosis y la vía se ajustan sobre la marcha. Es habitual empezar por la dosis más baja y subir solo si los sofocos no ceden, o cambiar de la vía oral a la transdérmica si aparece algún factor de riesgo nuevo.
Qué controles requiere
Antes de iniciarla se revisan antecedentes personales y familiares, presión arterial, peso, perfil lipídico y mamografía al día. Después se controla a los tres meses para ajustar la dosis, y luego una vez al año, con revisión de mama y valoración de si sigue haciendo falta.
Se usa a la dosis mínima eficaz y durante el tiempo que los síntomas lo justifiquen, reevaluando de forma periódica. Cualquier sangrado inesperado durante el tratamiento se estudia, igual que se estudiaría fuera de él, en el control ginecológico correspondiente.
Preguntas frecuentes
¿La terapia hormonal causa cáncer?
El riesgo depende del tipo, la dosis, la vía y el tiempo de uso, y se valora de forma individual. En una mujer sin factores de riesgo e iniciada a tiempo, el balance suele ser favorable.
¿Cuánto tiempo puedo tomarla?
El necesario mientras los síntomas lo justifiquen, con revisión al menos anual y a la dosis mínima eficaz.
¿Engorda?
No produce aumento de peso por sí misma. El cambio de composición corporal de esta etapa ocurre con y sin tratamiento.
¿Sirve para la sequedad vaginal solamente?
Para eso existe el tratamiento local, que actúa donde se necesita y casi no se absorbe.
¿Puedo usarla si tuve cáncer de mama?
No. En ese caso se indican alternativas no hormonales para el manejo de los síntomas.
Este contenido es informativo y no sustituye la consulta médica. El diagnóstico y el tratamiento deben ser establecidos por un profesional de la salud tras una evaluación individual.