El Parto en La Chorrera: Señales, Fases y Qué Llevar
Cómo reconocer que empezó el parto, cuáles son sus fases y cuándo acudir. Agenda tu control obstétrico y prepara tu plan de parto.
Saber distinguir el trabajo de parto verdadero del falso evita dos errores igual de frecuentes: llegar demasiado pronto y volver a casa, o esperar de más. Las señales son bastante reconocibles cuando se sabe qué mirar.
Cómo saber que empezó
- Contracciones regulares que se repiten cada vez más seguido y no ceden al cambiar de posición ni al caminar.
- Aumento progresivo de intensidad y duración.
- Dolor que empieza en la espalda baja y se corre hacia el frente.
- Expulsión del tapón mucoso, a veces con hilos de sangre.
- Ruptura de la fuente, que puede ser un chorro o una pérdida continua.
Las contracciones falsas, en cambio, son irregulares, no aumentan de intensidad, se sienten más adelante que atrás y desaparecen al caminar, descansar o cambiar de postura. Son normales en las últimas semanas y preparan el cuerpo sin dilatar.
Las fases del parto
- Fase latente. Contracciones cada 5 a 20 minutos, dilatación de 0 a 6 cm. Es la más larga y la que suele transcurrir en casa.
- Fase activa. Contracciones cada 2 a 3 minutos e intensas; la dilatación avanza de 6 a 10 cm con más rapidez.
- Expulsivo. Dilatación completa y nacimiento del bebé.
- Alumbramiento. Salida de la placenta, en los 30 minutos siguientes.
Los tiempos varían mucho, y sobre todo entre un primer embarazo y los siguientes: en una madre primeriza el proceso suele ser bastante más largo. Por eso no sirve comparar con la experiencia de otra persona.
Cuándo acudir
La referencia habitual es la regla 5-1-1: contracciones cada 5 minutos, de 1 minuto de duración, sostenidas durante 1 hora. Pero hay situaciones en las que no se espera a cumplirla:
- Ruptura de la fuente, aunque no haya contracciones.
- Líquido de color verdoso o con mal olor.
- Sangrado rojo abundante.
- Disminución de los movimientos del bebé.
- Dolor de cabeza intenso, visión borrosa o hinchazón brusca de cara y manos.
- Fiebre.
- Contracciones antes de la semana 37.
Qué hacer mientras se está en casa
La fase latente puede durar muchas horas y transcurre mejor en casa que en una sala de espera. Lo que ayuda es sencillo: caminar, cambiar de postura con frecuencia, usar la ducha con agua tibia sobre la espalda baja, hidratarse, comer algo ligero y descansar entre contracciones en lugar de contarlas todo el tiempo.
Vale la pena cronometrar solo cada cierto rato, no de forma continua: anotar durante media hora cada cuánto llegan y cuánto duran da la información necesaria sin convertir la espera en una vigilancia agotadora.
Qué llevar al hospital
El bolso conviene tenerlo listo desde la semana 36. Con documentos de identidad, el carné de control prenatal, los estudios y ecografías, ropa cómoda, artículos de aseo, ropa para el bebé y una manta. Tenerlo preparado evita decisiones apuradas en el peor momento.
Conviene también dejar por escrito las preferencias sobre acompañamiento, manejo del dolor y contacto piel con piel, y haberlas conversado antes en el control obstétrico. Es una guía, no un contrato: si la situación cambia, el equipo actúa según lo que sea más seguro para ambos.
Preguntas frecuentes
¿Cómo distingo las contracciones falsas de las verdaderas?
Las verdaderas son regulares, aumentan de intensidad y no ceden al caminar o descansar. Las falsas son irregulares y desaparecen al cambiar de postura.
¿Cuánto dura un parto?
Es muy variable. En una madre primeriza suele ser más largo que en partos posteriores, y la fase latente es la que más se prolonga.
¿Qué hago si rompo fuente y no tengo contracciones?
Acudir igualmente, sin esperar. Conviene anotar la hora y el color del líquido.
¿Puedo comer durante el trabajo de parto?
Depende de la evolución y de la indicación del equipo. En la fase inicial suele permitirse líquidos y alimentos ligeros.
¿Desde cuándo debo tener el bolso listo?
Desde la semana 36, para no tener que improvisar si el parto se adelanta.
Este contenido es informativo y no sustituye la consulta médica. El diagnóstico y el tratamiento deben ser establecidos por un profesional de la salud tras una evaluación individual.